Archivos Mensuales: febrero 2014

Paco de Lucía

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paco de lucia

Hoy se ha ido un grande. Sólo tenía 66 años, la misma edad a la que mi padre me dejó.

Conocí la música de Paco de Lucía cuando era adolescente, en Italia, aunque nunca llegué a oírle en vivo.
Varias veces en Madrid estuve a punto de ir a un concierto, pero siempre pasaba algo: un reportaje que se eternizaba, una complicación de última hora.

Siempre supe que me estaba perdiendo algo imperdible. “Oír tocar a Paco de Lucía era un fenómeno entre místico e incomprensible; parecía como si dentro de la guitarra llevara metida una orquesta sinfónica y un Beethoven jibarizado”, decía hoy en El País Miguel Mora a través de su pluma mágica.
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/26/actualidad/1393426383_691930.html

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Hay oportunidades que nunca vuelven. Nunca más voy a poder tener el privilegio de escuchar a este maestro, que tenía una relación de amor-odio con su instrumento. “La guitarra es una hija de puta, la detesto”, llegó a decir en 2008.

En los últimos años fichó a Alain Pérez, un bajista cubano de gran talento que tocó con Irakere y Chucho Valdés.  Y es que Paco de Lucía siempre sintió una fascinación por el talento.
http://www.youtube.com/watch?v=dD4EL-fGAdg

Adiós Maestro. Usted no es simplemente una de las “cosas que voy a echar de menos de Madrid”.
Usted es un genio que está por encima de la vida y la muerte, de las fronteras, de las peleas, de los desencuentros.
Y los genios nunca mueren.

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El cariño

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despedida

Escribo este post ya desde Rio. Quiero agradecer todas las muestras de cariño y los ánimos que he recibido en los últimos días.
Me he sentido muy acompañada, querida, apoyada, y eso no tiene precio cuando decides tirarte al abismo de la incertidumbre, siendo una mujer conservadora, hija y sobrina de una tribu de funcionarios públicos.

Son muchas las personas que en los últimos días han pasado por mi casa para ayudarme a empaquetar mis pequeños tesoros; amigas crueles que me han asesorado para deshacerme de zapatos rotos que guardaba por puro fetichismo o de ropa vieja que mantenía porque era un regalo de alguien querido.

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El otro día vino a verme una amiga de otros tiempos. Hacía años que no coincidíamos, pero se empeñó en darme un abrazo. Descubrí que había seguido todas mis andanzas de los últimos años, desde Rusia a Brasil, a través de los blogs. Y yo que siempre pienso que nadie me lee.
http://viajealcorazonderusia.wordpress.com/
http://historiasdelapacificacion.com/

También me han llegado muchos mensajes alentadores. El que más me ha impactado es el de Laura Izuzquiza, una joven fotógrafa que acaba de cumplir 25 años y que se expresa con tal madurez que me hace comprobar una vez más  que las nuevas generaciones nos dan mil vueltas.

“Valeria, un placer conocerte, de verdad. Aunque ha sido breve y no nos ha dado tiempo a profundizar quiero transmitírtelo. Te veo como una persona integra, con las cosas claras, con una enorme curiosidad por el mundo y entenderlo. Pero no eres envidiable solo por tu conocimiento y ganas de empaparte de la realidad, sino que además eres especial, no te interesa encajar en estereotipos o en hacer lo que se supone que te toca, te niegas a ser un perfil apostando por ti misma. Además te expones, sales de tu zona de confort y viajas para seguir construyéndote. Eres un ejemplo de verdad, y espero que nos sigamos la pista, yo te escribiré de vez en cuando, seguro! Eres una persona con la que me gusta tener relación, he afianzado cosas relacionándome contigo. Ojala cuando nos volvamos a ver sea en Rio, me encantaría!! Se que vas a conseguir tus metas, porque no dejas que nadie te diga lo que tienes que hacer. Eso es muy valioso y cultivado desde la humildad te llevara hacia tus metas, tengo esa certeza. Te deseo un viaje lleno de vivencias y positivismo. Un abrazo fuerte!!”.

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Ha sido una despedida dulce, afectuosa, emotiva. Os doy las gracias por ello.
Os aseguro que cuando me fui de Alemania fue diferente. Y no porque mis amigos no sintieran cariño por mí, sino porque no saben expresarlo de la forma en que nosotros, sureños y cálidos, necesitamos.
Es simplemente cuestión de sintonizar o no con la música interior de un país.

Ya estoy en la Cidade Maravilhosa, cuyo ritmo desde siempre me posee y me fagocita, y me muero de ganas de empezar a vivir y a contarlo.

Arriverderci Madrid. Grazie di tutto!
Nos vemos en el siguiente blog.

La seguridad

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“Querida Valeria, noticia urgente: he hablado con Frau Kraft de Endemol Producciones. Te ofrecen un puesto de ayudante de dirección o de producción con un contrato fijo desde diciembre de 1998 hasta octubre de 1999 con un sueldo de unos 3.000 marcos al mes. Les he dicho que les llamarás el lunes.
Deberías hablar con Frau Kraft (mejor) o con Tim Hengesbach de nuevo a este número de teléfono…
Tiene muy buena pinta!!!
Por favor, mándame un mail o llámame para confirmarme que has recibido la noticia. En caso de que hasta el sábado no hayas aparecido, te llamaré.
También deberías llamar a los de la Öko-Bildungswerk, que te están buscando.
Mucha suerte, Johannes”

A los 19 días de estar en Madrid, me llegó este correo electrónico de mi ex novio. Tras un año de intensa búsqueda de trabajo en Colonia, me ofrecían un contrato de 10 meses, con un sueldo excelente, en un reality de bomberos.
En aquel momento estaba haciendo una pasantía en El País, eso es, unas prácticas sin remuneración, a la espera de hacer las pruebas de acceso para el Máster de Periodismo, en noviembre de 1998.
No tenía ninguna certeza de que sería admitida. Todo lo contrario. Siendo extranjera y con un castellano autodidacta, más bien tenías pocas perspectivas de poder realizar mi sueño.

Köln

Por otra parte, en Colonia me esperaba mi novio. y al fin y al cabo había estado un año intentado conseguir un empleo en algo relacionado con el periodismo.
El factor bombero tampoco me parecía un aliciente. Debe ser que el cuerpo alemán no está tan bueno como el español, o a lo mejor aquella Feria de Sevilla en la caseta de los bomberos me cambió a perspectiva… pero ésta es otra historia.
Ahora aceptaría de cabeza un oferta de este tipo, jijiji.

El caso es que entonces yo quería ser periodista de verdad y sabía, tras mi paso por la Deutsche Welle, que para aprender a trabajar con las fuentes de la información tenía que hacer sí o sí la ‘mili’ en un periódico. Y aunque era la última becaria de la redacción, estaba en el diario principal de España y uno de los más respetados en América Latina.

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Pasé tres días comiéndome la cabeza. Lo peor es que en Madrid no tenía a nadie de confianza con quien debatirlo. Los compañeros de la sección de Local de El País apenas me conocían. No estaban al tanto de mi trayectoria, era difícil pedir un consejo de este tipo a cualquiera.

Un día reventé y le conté mi dilema a con Antonio Jiménez Barca.
Me preguntó a bocajarro:
– ¿Tú quieres ser periodista?
– Sí.
-Entonces déjate de tele y de programas. Tu sitio es aquí, en el periódico.

Le eché valor y me arriesgué. Al fin y al cabo había luchado por obtener unas prácticas en el País y tenía que intentarlo. Si hubiese regresado a Alemania para coger lo único seguro que tenía, me habría pasado la vida preguntándome cómo habría sido mi vida en España, si habría conseguido entrar en el Master y hacerme un hueco en mi querido Madrid… A toro pasado, bien que hice.

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Algo parecido está pasando ahora. Durante el mes de enero, todos los días me he despertado con una sensación de profundo desasosiego. Desde mi cama me preguntaba, mirando a la pared verde del salón que tanto amo, por qué narices no puedo ser como los demás y quedarme quieta.
Me preocupaba la incertidumbre, me aterraba la certeza de que mi nivel económico va a empeorar.
Tenía miedo, vaya. Miedo al cambio, miedo al fracaso, miedo a tener que dar varios pasos atrás para dar uno adelante.

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El año pasado, cuando estaba llevando a cabo el proyecto fotográfico en las favelas, sondeé el mercado para ver qué posibilidades tenía con mis seis idiomas y mi experiencia de obtener papeles y un buen trabajo.
Resultado de la investigación: NINGUNA.

Durante un año, me he preparado para enfrentar el desapego a mi casa, mi nido; la precariedad, tras 14 años de estabilidad laboral; he ido haciendo una cura de humildad para mentalizarme de que un día estás en la tele informando y otro estás a lo mejor acompañando a un grupo de turistas rusos en Rio, el mismo curro que hacía durante la facultad para costear mis viajes en verano.

El no poder entrar por la puerta grande a Brasil ha puesto a dura prueba mi motivación, pero el resultado es: quiero.
Quiero vivir este año en Rio de Janeiro. Van a pasar un montón de cosas interesantes para un periodista y yo quiero estar allí para contarlo.
De forma remunerada, si me dejan. Si no, en mi blog.

Pero sí quiero.

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Es la misma sensación que sentí hace 15 años cuando me tentaban los bomberos alemanes. Aposté por Madrid y menos mal.
Vamos a ver qué tal la jugada esta vez.
Eso sí, voy a echar mucho de menos la seguridad que había conseguido en Madrid, aquella vida confortable que te hace sentir que te has aburguesado y no te importa, porque mola. También la seguridad de poder volver sola a casa en el medio de la noche sin tener que andar con taquicardia.
Eso no tiene precio y los brasileños que viven en Madrid lo saben.

Ya no hay vuelta atrás. Me he liado de nuevo la manta a la cabeza. Que sea lo que Iemanjá y Ogum quieran.
Me rindo a mi corazón.

El metro

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Metro de Madrid informa: más por menos, menos por más.

Es verdad, nos han estafado. Nos cobran bastante más por un servicio sensiblemente más lento. Han construido estaciones de metro donde había trenes de cercanías y las han tenido que cerrar. También han cerrado bocas de metro para ahorrar y han mal vendido trenes a Argentina.

Pero pero pero… el metro de Madrid sigue siendo increíble. Limpio, rápido, eficiente, un montón de líneas, una maravilla de infraestructura, y más aún si lo comparamos con el de Londres y de París.
Yo lo voy a echar mucho de menos en la Cidade Maravilhosa.

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Para mí el metro de Madrid es la metáfora de lo que pasa en España. Desde que vivo aquí, he notado un injusto complejo de inferioridad con respecto a los hermanos (¿hermanastros?) europeos. Será una herencia de la dictadura, la vergüenza por haber llegado tarde a la familia europea o el pudor de haber recibido fondos de cohesión durante años. Desconozco la razón, pero los españoles tienen la errónea sensación de pertenecer a un país de segunda división.

Mentira. Hay una serie de servicios que hacen de España un país puntero. Desde un maravilloso número 010, al que pides un certificado de empadronamiento y te lo mandan GRATIS a tu casa en menos de tres días; hasta un sistema de salud increíblemente bueno y GRAUITO. España funciona, a pesar de lo que puedan pensar las personas que nunca han salido de aquí.

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He vivido en Italia, Rusia, Escocia, Alemania, España y Brasil y puedo afirmar con conocimiento de causa que España no tiene nada que envidiar a las grandes potencias del mundo.
¿Que los políticos son corruptos? Es una verdad como un templo. Pero no sólo aquí, y desde luego mucho menos que en Italia, Brasil, China o la India.
¿Que roban? Es cierto, y lo peor, no dimiten, como se ha demostrado este verano con el caso Bárcenas. Pero durante años, el dinero se ha invertido en obras públicas que han tenido un principio y un fin. En Nápoles llevan 20 años construyendo el metro y todavía no lo acaban. La autopista Salerno-Reggio Calabria nunca ha fue remodelada y un montón de dinero público ha desaparecido en obras eternas…

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No quiero decir que aquí todo es perfecto, ni mucho menos. El aeropuerto de Castellón o las radiales en la Comunidad de Madrid son un ejemplo de malversación y robo a mano armada.
La ley que permite desahuciar a familias enteras es una vergüenza. La socialización de las pérdidas de los bancos, mal administrados por caciques locales, un pecado carnal que sólo la historia sabrá juzgar.
Pero no todo es tan tremendo como unos se obstinan en mostrar.

Algunos españoles que llevan años pululando por el planeta empiezan a entender lo que vale un peine. El colaborador de El Confidencial desde Nueva York explicaba esta semana con pelos y señales por qué está a punto de volver a España.
http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-02-15/pues-yo-me-vuelvo-a-espana_88838/

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Quiero dejar una cosa clara: yo me voy de España porque estoy enamorada de Brasil. Hace años que quiero irme, pero mi vida en Madrid me gustaba y mi trabajo me encantaba.
Es verdad que siento un cierto cansancio de la ciudad, pero esto tiene más que ver con razones subjetivas que objetivas. Madrid ha cambiado, es cierto, no tiene el brillo que lucía hace 15 años y la gente se queja por doquier. Pero yo también he cambiado y necesito otras cosas. Sobre todo, un nuevo reto.

Es cierto que me no apetece trabajar más por menos: es la tónica general en esta crisis (que es un nuevo orden mundial). Pero también es verdad que no he querido comprometerme con un nuevo trabajo porque el ERE de Telemadrid me ha dado alas, ha sido la oportunidad de cumplir un sueño.

MD fiestas

No podemos dejar de soñar. Hoy me ha visitado una amiga a la que no veía desde hacía años. Tiene tres masteres en comunicación y marketing. Ante la falta de perspectivas laborales, ha empezado a estudiar acupuntura, un viejo deseo que nunca se había atrevido a realizar. Ahora quiere abrir una consulta. Un plan estupendo, me parece.

El premio al mejor fotolibro de 2013 se lo ha llevado Óscar Monzón, un fotógrafo de El Mundo que fue despedido al comenzar la crisis y que ha dedicado varios años a realizar un proyecto personal. Ha sido el fenómeno del año en Paris Photo, la feria de fotografía más importante del mundo.
http://www.parisphoto.com/paris/news/the-first-photobook-award-winner-oscar-monzon-karma-published-by-rvb-books

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Las crisis también son una ocasión para bucear en nuestro interior y nos invitan a ser nosotros mismos. En Nápoles la crisis nunca terminó y por eso somos los más creativos y los más salados de Italia. Allí está Eduardo De Filippo, el Bertold Brecht napolitano, para demostrarlo.
http://www.youtube.com/watch?v=bonfKLYGA4M

Me voy, es cierto. Me duele la decadencia del periodismo, es cierto. Pero no creo que los que se quedan se equivocan. Son decisiones vitales. Cada uno tiene que seguir su instinto. De una cosa estoy bastante segura: volveré, porque Madrid es un buen lugar para vivir, la combinación perfecta entre la eficiencia nórdica y el calor humano del sur.

Mi torito guapo

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Estaba yo un día esperando a mi amiga Patricia Ortega Dolz en la calle Goya.
Hacía un viento horrible y me metí en el primer bar que vi, la Cruz Blanca.
Ya que no existían los smart phones, no tenía la opción de refugiarme en la pantalla del móvil mientras hacía tiempo.

Al fondo del bar un grupo de abueletes tomaba el aperitivo. Miraban fotos de una capea y comentaban las jugadas en voz alta.
De repente se me acerca un señor mayor, bajito, y me invita a unirme a ellos. Yo, que acababa de volver de Turquía y estaba en un plan flower power, otro mundo es posible, me dejé liar y acepté una caña.

El señor bajito empezó a tirarme los tejos, mostrándome toda su hombría con los toritos. Venga una foto, y venga otra, y que si tengo ojos bonitos, y que si aquí hay una italiana hermosa… Cuando la cosa empezaba a volverse un poco intensa, Patricia apareció por la puerta.

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–       Valeria, ¡¿qué haces con El Fary?!

–       ¿Qué es el fairy?

–       Calla, ahora te lo explico.

Fue así como conocí a este gran personaje de la cultura cañí.
Yo llegué a España para ser periodista, esto ya lo he contado. Además de tener que defenderme en otro idioma, tenía un millón de lagunas que me impedían funcionar como los compañeros del master.
Me pasaba el día empollándome literalmente el periódico. Necesitaba aprender casi todo: había salido de Alemania sin saber mucho de España. Sólo había visto alguna película de Almodóvar y de Vicente Aranda, y había leído a Javier Marías y a Maruja Torres.

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No sabía quiénes eran Ibarretxe o Javier Arenas. Jamás había oído hablar de Mariano Barroso, ni de ‘Tesis’, ni de ‘La bola de cristal’. Estaba tan angustiada, intentando hacerme con las claves de la actualidad y los protagonista de la escena cultural, que durante los primeros años apenas vi la tele.
Eso sí, leía varios periódicos de cabo a rabo, todos los días.

Ir al cine para ver ‘Torrente’ ni se me hubiese ocurrido. Yo era toda Dogma y cine de autor en aquella época, no salía de la calle Martín de los Heros.

Años después, postrada en la cama por una varicela chunga y ya convertida al culto de la cultura española, conocí el fenómeno Torrente.
Sólo entonces entendí la importancia de El Fary. Y me dije a mí misma: ‘Hostia, si me ligué al Fary, y tantos años sin saber valorarlo”.

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Cuando murió, en 2007, Patricia me llamó para darme el pésame. Han pasado casi siete años. Pobre Fary, qué poco caso le hice.
Ha llegado la hora de hacerle justicia.
http://www.youtube.com/watch?v=NFkI-zxZlHo

Mis amigos

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Ésta es la agenda de teléfonos con la que llegué a Madrid. No conocía a nadie en esta ciudad.
Eran los contactos que me pasó el novio de una amiga italiana que vivía en Colonia. Su madre era madrileña y me alquiló su piso en el Paseo de Extremadura mientras buscaba un lugar donde quedarme.
La he encontrado mientras hacía cajas. ¡Qué emoción!

Desde entonces, mucho ha llovido. Dejo a muchos amigos en Madrid. Les echaré de menos.
Otros ya se han ido en los últimos tres años. En realidad, hace tiempo que estoy de despedida sin haberme ido.
Es lo que tiene la crisis.

Mi profesión

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Ésta es la carta que cambió mi vida.

Me llegó mientras estaba trabajando en la Deutsche Welle, en Colonia. Pasé por varias redacciones: la radio italiana, cuando todavía se montaba en analógico y los empalmes se hacían con celo; por un programa de TV en ruso llamado ‘Evropa segodnya’, Europa hoy; y por ‘Schauplatz Deutschland’, otro programa que se hacía en alemán, inglés y castellano.

DeutscheWelleHeute

Me encantaba trabajar en aquella torre de Babel en la que, antes de los recortes que siguieron a la reunificación, se emitía en todos los idiomas del mundo, hasta en urdu, en un intento de limpiar la imagen de Alemania en el mundo.
Eran otros tiempos. Schroeder todavía no había mandado las tropas de pacificación alemanas a Kosovo y sobre el Gobierno de Helmut Kohl todavía pesaban como una losa los Procesos de Nuremberg.
Al fin y al cabo, no hacía ni una década que se había acabado la Guerra Fría.

Yo había comenzado a leer El País en Aquisgrán. Trabajaba de camarera en un bar mientras aprendía alemán. Internet era algo incipiente y muy minoritario, y La Repubblica costaba 2,5 marcos, un precio prohibitivo para una estudiante.
En el bar llegaba la prensa extranjera y también El País.

Yeltsin

En aquella época mi fervor de sovietóloga recién licenciada era muy fuerte. Eran los años de Boris Yeltsin y yo no conseguía enterarme de la actualidad por la prensa alemana. Pilar Bonet era y sigue siendo la corresponsal de Moscú, una magnífica periodista.
Lo que ella no sabe es que fue mi profesora de castellano. Leía todas sus crónicas, a la vez que escuchaba salsa a todas horas (redondeaba mi sueldo de camarera como profesora de salsa, pero ésta es otra historia).
Total, que entre El País, los libros de Isabel Allende y la comunidad de salseros venezolanos, aprendí primero a hablar castellano y sólo después a expresarme en alemán.

Un día vi en El País el anuncio del Máster de Periodismo de El País. Recorté la página y la guardé. Cuando me mudé a Colonia, aquel recorte reapareció amarillento entre mis papeles. (Siempre fui una Diógenes, con la edad sólo puede ir a peor).

Sabía que nunca sería buena ejerciendo el periodismo en alemán. Es un idioma muy distinto al mío y aunque llegué a hablarlo bien, no me veía trabajando allí. Entonces se me ocurrió mandar una carta a El País. Les dije quién era, que me estaba planteando hacer el Máster, pero que nunca había estudiado castellano y quería hacer unas prácticas para ver si tenía nivel para estudiar en España.

golpe rusia

Desde que había vivido en directo el golpe de Rusia que acabó con la Unión Soviética, quería ser periodista a todas costas. En Italia me dijeron que imposible, por eso emigré. El Máster me parecía la única oportunidad para quien había estudiado Ciencias Políticas. Lo bueno es que te ofrecían una beca de un año de duración después del Máster.
Para mí era como obtener un pasaporte hacia la profesión de mis sueños.

Cuando recibí esta carta del mayor periódico de España, no daba crédito.
Me marché a Madrid un 30 de septiembre y el 1 de octubre ya estaba en aquella redacción inmensa, con la clara sensación de haberme metido en algo mucho más grande que yo.

Durante las pruebas de acceso al Máster, Miguel Ángel Bastenier, un gran profesor y un columnista histórico del periódico, me tomó el pelo preguntándome si había confundido El País con una escuela de idiomas. Aquella noche no dormí de los nervios. El caso es que fui la primera italiana admitida al Máster, superando una selección muy dura de más de 400 candidatos.

El pais resultados

Fue un año maravilloso en el que aprendí muchísimo. Después trabajé como becaria, primero en la sección de Local y luego en Negocios…
Hasta el 12 de enero de 2013, nunca he parado de trabajar en lo que más me gusta. Unos años en prensa y otros en la tele, mientras seguía colaborando con revistas porque necesito escribir.
Madrid me ha dado todo lo que soy en lo profesional y es algo que no se puede olvidar.

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Sinceramente, me cuesta mucho asumir la situación en la que me encuentro en este momento.
Sin trabajo por primera vez en mi vida y a punto de emigrar, de nuevo, sin nada cierto que me espera. Lo que más me duele es que la profesión que tanto amo se haya malogrado hasta un punto en el que sólo hay precariedad, servilismo y oportunismo.
Son malos tiempos para los periodistas, y más para los de mi generación, que hemos conocido otra forma de ejercer la profesión.
https://vimeo.com/76429987

Pero yo no me resigno. Todavía no. Nunca me ha gustado la palabra imposible.
A ver qué me depara 2014.