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carta el pais

Ésta es la carta que cambió mi vida.

Me llegó mientras estaba trabajando en la Deutsche Welle, en Colonia. Pasé por varias redacciones: la radio italiana, cuando todavía se montaba en analógico y los empalmes se hacían con celo; por un programa de TV en ruso llamado ‘Evropa segodnya’, Europa hoy; y por ‘Schauplatz Deutschland’, otro programa que se hacía en alemán, inglés y castellano.

DeutscheWelleHeute

Me encantaba trabajar en aquella torre de Babel en la que, antes de los recortes que siguieron a la reunificación, se emitía en todos los idiomas del mundo, hasta en urdu, en un intento de limpiar la imagen de Alemania en el mundo.
Eran otros tiempos. Schroeder todavía no había mandado las tropas de pacificación alemanas a Kosovo y sobre el Gobierno de Helmut Kohl todavía pesaban como una losa los Procesos de Nuremberg.
Al fin y al cabo, no hacía ni una década que se había acabado la Guerra Fría.

Yo había comenzado a leer El País en Aquisgrán. Trabajaba de camarera en un bar mientras aprendía alemán. Internet era algo incipiente y muy minoritario, y La Repubblica costaba 2,5 marcos, un precio prohibitivo para una estudiante.
En el bar llegaba la prensa extranjera y también El País.

Yeltsin

En aquella época mi fervor de sovietóloga recién licenciada era muy fuerte. Eran los años de Boris Yeltsin y yo no conseguía enterarme de la actualidad por la prensa alemana. Pilar Bonet era y sigue siendo la corresponsal de Moscú, una magnífica periodista.
Lo que ella no sabe es que fue mi profesora de castellano. Leía todas sus crónicas, a la vez que escuchaba salsa a todas horas (redondeaba mi sueldo de camarera como profesora de salsa, pero ésta es otra historia).
Total, que entre El País, los libros de Isabel Allende y la comunidad de salseros venezolanos, aprendí primero a hablar castellano y sólo después a expresarme en alemán.

Un día vi en El País el anuncio del Máster de Periodismo de El País. Recorté la página y la guardé. Cuando me mudé a Colonia, aquel recorte reapareció amarillento entre mis papeles. (Siempre fui una Diógenes, con la edad sólo puede ir a peor).

Sabía que nunca sería buena ejerciendo el periodismo en alemán. Es un idioma muy distinto al mío y aunque llegué a hablarlo bien, no me veía trabajando allí. Entonces se me ocurrió mandar una carta a El País. Les dije quién era, que me estaba planteando hacer el Máster, pero que nunca había estudiado castellano y quería hacer unas prácticas para ver si tenía nivel para estudiar en España.

golpe rusia

Desde que había vivido en directo el golpe de Rusia que acabó con la Unión Soviética, quería ser periodista a todas costas. En Italia me dijeron que imposible, por eso emigré. El Máster me parecía la única oportunidad para quien había estudiado Ciencias Políticas. Lo bueno es que te ofrecían una beca de un año de duración después del Máster.
Para mí era como obtener un pasaporte hacia la profesión de mis sueños.

Cuando recibí esta carta del mayor periódico de España, no daba crédito.
Me marché a Madrid un 30 de septiembre y el 1 de octubre ya estaba en aquella redacción inmensa, con la clara sensación de haberme metido en algo mucho más grande que yo.

Durante las pruebas de acceso al Máster, Miguel Ángel Bastenier, un gran profesor y un columnista histórico del periódico, me tomó el pelo preguntándome si había confundido El País con una escuela de idiomas. Aquella noche no dormí de los nervios. El caso es que fui la primera italiana admitida al Máster, superando una selección muy dura de más de 400 candidatos.

El pais resultados

Fue un año maravilloso en el que aprendí muchísimo. Después trabajé como becaria, primero en la sección de Local y luego en Negocios…
Hasta el 12 de enero de 2013, nunca he parado de trabajar en lo que más me gusta. Unos años en prensa y otros en la tele, mientras seguía colaborando con revistas porque necesito escribir.
Madrid me ha dado todo lo que soy en lo profesional y es algo que no se puede olvidar.

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Sinceramente, me cuesta mucho asumir la situación en la que me encuentro en este momento.
Sin trabajo por primera vez en mi vida y a punto de emigrar, de nuevo, sin nada cierto que me espera. Lo que más me duele es que la profesión que tanto amo se haya malogrado hasta un punto en el que sólo hay precariedad, servilismo y oportunismo.
Son malos tiempos para los periodistas, y más para los de mi generación, que hemos conocido otra forma de ejercer la profesión.
https://vimeo.com/76429987

Pero yo no me resigno. Todavía no. Nunca me ha gustado la palabra imposible.
A ver qué me depara 2014.

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Acerca de Valeria Saccone

Me llamo Valeria Saccone. Soy periodista, reportera de televisón y fotógrafa. El orden de los factores no altera el resultado. Vivo en Madrid desde 1998. También soy sovietóloga y hablo ruso. Durante el verano de 2011 he recorrido la parte europea de Rusia, el país más grande del mundo. Más de 5.000 km. desde el Círculo Polar Ártico hasta el subtrópico del Cáucaso.

Un comentario »

  1. Hola Valeria!! No sabía que te marchabas y no estoy segura de cuáles son los motivos pero te deseo mucha suerte con tus planes y con la nueva aventura que te traes entre manos; tú tienes fuerza para eso y más. Un beso muy fuerte.

    Natalia
    (de esa lista del 99 😉

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