Archivo del Autor: Valeria Saccone

Acerca de Valeria Saccone

Me llamo Valeria Saccone. Soy periodista, reportera de televisón y fotógrafa. El orden de los factores no altera el resultado. Vivo en Madrid desde 1998. También soy sovietóloga y hablo ruso. Durante el verano de 2011 he recorrido la parte europea de Rusia, el país más grande del mundo. Más de 5.000 km. desde el Círculo Polar Ártico hasta el subtrópico del Cáucaso.

Las historias de la pacificación

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Fue una idea que se me ocurrió en Madrid, leyendo los periódicos de Brasil por Internet. Corría el año 2012 y yo no me podía creer que estuviesen pacificando las favelas de Rio de Janeiro. Me parecía una impresa imposible. Tenía que verlo con mis propios ojos.

Fue así que, casi sin quererlo, fui pergeñando un proyecto de fotografía participativa que se me hacía tan ambicioso como complicado. Mi idea era simple: siempre oía hablar de las favelas a políticos, periodistas, intelectuales, ciudadanos de las zonas nobles de la ciudad… pero ellos, los moradores, ¿qué tendrían que decir sobre ese proceso de pacificación? ¿Cómo estaría cambiando su vida?

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Con esa premisa, me puse a buscar cámaras con el fin de entregarlas a voluntarios que quisiesen contar su historia. Una tienda de Barcelona, Casanova Foto, me las prestó aún sin conocerme. Un detalle que no voy a olvidar.
Durante meses fui preparando el proyecto, al mismo tiempo que los directivos de Telemadrid ultimaban los detalles de nuestro ERE.
https://vimeo.com/76429987

A los pocos días de ser despedida, me marché a Rio de Janeiro para llevar a cabo mi plan: contar el día a día en algunas favelas pacificadas a través de las fotos de sus moradores.
No tenía ni contactos, ni fondos, ni desde luego la certeza de que el famoso ‘proyecto’ pudiese convertirse en algo concreto y tangible.

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Ya en Rio se me ocurrió otra idea: vivir dentro de la favela. Me pareció lógico.
No podía contar la realidad de las favelas, aunque fuese a través de la mirada fotográfica de los moradores, sin conocer de cerca cómo es la cotidianidad en una favela pacificada.

Recurrí a Camilo Coelho, un periodista carioca al que conocí a través de Instagram por un blog que él estaba escribiendo sobre la pacificación. Fue mi primer ángel de la guarda. Él me puso en contacto con Gilson ‘Fumaça’, el hombre que me ayudaría a hacer realidad mi idea.
http://historiasdelapacificacion.com/2013/02/28/otro-angel-llamado-gilson/

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Gilson es guía turístico en Santa Marta, la primera favela pacificada en 2008. Pero es mucho más que eso. Es un personaje carismático, con una vida muy agitada a su espalda, que ha sabido reinventarse y que tiene un increíble don de gentes. Gilson me informó de que no había casas para alquilar en la favela. Tras mi insistencia, accedió a dejarme su cuarto y fue así como empecé a vivir en Santa Marta.
Fue mi segundo ángel.

Al mismo tiempo entré en contacto con el Fotoclube do Alemão, una iniciativa sin ánimo de lucro que pretende fomentar el amor a la fotografía en el Complexo do Alemão, pacificado en 2010. La colaboración desinteresada de Dhani Borges y Bruno Itan fue crucial para el éxito del proyecto.
http://historiasdelapacificacion.com/2013/03/11/el-fotoclube-do-alemao/

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Poco a poco fui llevando a cabo mi programa, con el apoyo de moradores que se involucraron aún sin saber en qué desembocaría aquello.
Al mismo tiempo, iba registrando lo que veía en las favelas pacificadas en un blog que terminaría dando nombre a la exposición.
http://historiasdelapacificacion.com/

De vuelta a Madrid, entré en contacto con la Embajada de Brasil, la Fundación Cultural Hispano-Brasileña y la Casa do Brasil para intentar convertir aquel trabajo en una expo. No sé cómo lo conseguí, el caso es otro ángel se cruzó en mi camino: Rafael López de Andújar, el director de la Fundación Cultural Hispano-Brasileña.

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Fueron meses de muchas reuniones y de mucho trabajo, pero al final el 18 de diciembre de 2013 logramos inaugurar en la Casa de América de Madrid ‘Historias de la Pacificación’, la exposición sobre el proyecto de fotografía participativa que recogía la opinión de los verdaderos protagonistas de este delicado proceso histórico.
http://www.casamerica.es/exposiciones/historias-de-la-pacificacion-en-brasil

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Pero hubo mucho más que eso. Gracias a implicación de la Fundación, la Embajada y la Casa do Brasil, conseguimos invitar a Madrid a Gilson, de Santa Marta, y a Alexandre, uno de los miembros del Fotoclube do del Alemão, para que hablasen en vivo y en directo de lo que ha supuesto la pacificación en sus vidas.

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Fueron unos días maravillosos e intensos, que documenté en una página de Facebook.
https://www.facebook.com/pages/Historias-de-la-pacificaci%C3%B3n/395611897240351?ref=hl

Hicimos un programa en directo de una hora para ‘Hora América’, de Radio Nacional de España, y otro para el servicio exterior de RNE, con mi amiga Estela Viana.
http://www.casamerica.es/exposiciones/hora-america-historias-de-la-pacificacion-en-brasil

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También organizamos unos encuentros con los alumnos de portugués de la Casa de Brasil, gracias a la labor de mi ex profesora y amiga Gláucia Grohs.

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Las charlas fueron muy emotivas. Gilson y Alexandre abrieron sus corazones y contaron su difícil infancia a los alumnos madrileños, que escuchaban emocionados y boquiabiertos las historias de estos chicos. Hubo mucha intimidad, cercanía, fue mágico, literalmente.

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Para mí lo más bonito ha sido movilizar una masa crítica de personas interesadas en conocer en qué consiste la pacificación más allá de los titulares amarillos de los periódicos. También me llenó de orgullo el haber creado un puente entre Brasil y España, dos países que amo profundamente.

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Por eso hoy estoy muy triste. Ha sido otro día de enfrentamientos entre la Policía, los moradores del  Complexo do Alemão y un grupo de narcotraficante armados. Lo cuento en el blog que empecé el año pasado en Rio y que acabo de retomar.
http://historiasdelapacificacion.com/2014/03/12/guerra-en-el-alemao/

Foto: Bruno Itan

Foto: Bruno Itan

La pacificación de las favelas de Rio me tiene ocupada desde hace dos años. Volví a Madrid básicamente para dar salida a este proyecto, porque necesitaba que tuviese vida más allá de un blog. Ver estas escenas de guerrilla urbana me llena de preocupación, al mismo tiempo que, por alguna extraña razón, me hace recordar que vivo dividida entre tres mundos: Brasil, España y mi querida Italia.

Echo de menos las historias de la pacificación porque una parte de mí teme que la guerra vuelva a las calles de Rio de Janeiro. Y eso sería una pena inmensa para tantas personas que han construido una vida diferente en las favelas de esta ciudad maravillosa.

Los de Nophoto

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Foto: Eduardo Nave

Foto: Eduardo Nave

Les conocí en un curso de Edición de libros de fotografía en Blank Paper. A los tres Juanes (Millás, Valbuena y Santos) y a Eduardo Nave.
http://www.nophoto.org/

Miento, a Valbuena le había entrevistado para Madrid Directo cuando inauguró la exposición ‘Nosotros’ en la Casa Árabe de Madrid, pero tardé semanas en reconstruir de qué conocía a aquel chico que se pasaba la clase alisándose el pelo. Mi cabeza es un gran agujero negro. Años de intensa actividad reporteril han mermado mi memoria.

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Foto: Eduardo Nave

El caso era de traca: cuatro miembros de uno de los principales colectivos de fotografía de España en un curso organizado por la escuela fundada por el otro gran colectivo de fotógrafos. Para mí cojonudo: había más profesores que alumnos en clase.
Fueron meses muy amenos en los que aprendí muchos de todos ellos. Poco a poco empezamos a conocernos, a coincidir en eventos, después vinieron las largas horas de coche juntos para ir a algún festival y al final oye, uno se hace amigo.

Foto: Eduardo Nave

Foto: Eduardo Nave

En el último año he compartido muchas cosas con algunos de los de Nophoto y esta relación in crescendo ha culminado con una propuesta, justo antes de marcharme a Rio de Janeiro. Eduardo Nave me ofreció escribir el texto del primer número de Dúo, una nueva publicación que ellos mismos definen de esta forma: “Seducidos por la estética y las posibilidades expresivas de un soporte editorial precario -el papel prensa-, cuatro fotógrafos de NOPHOTO en colaboración con el estudio Underbau seremos de tanto en tanto editores de un nuevo periódico. DÚO es una publicación monotemática de aparición imprevisible que explora y reivindica el formato reportaje desarrollado entre un escritor y un fotógrafo. El martes presentaremos el número #01”.

Foto: Eduardo Nave

Foto: Eduardo Nave

El martes es mañana y yo no podré estar en la presentación, lo cual agudiza mi tendencia a la nostalgia.

Dúo es una publicación que homenajea el décimo aniversario del 11-M.
Para decir toda la verdad, no me venía exactamente bien encarar el reto de escribir algo original sobre un tema tan manido, justo en el medio de una mudanza transoceánica. Pero no me lo pensé ni dos minutos. El 11-M es una de aquella obsesiones personales que me acompañan desde hace una década.
Me gustaría subrayar que los chicos me han dejado totalmente libre de escribir un texto de unos 25.000 caracteres (que han terminado siendo 27.000), un lujo asiático para un periodista.

Foto: Eduardo Nave

Foto: Eduardo Nave

Dúo sólo se podrá leer en papel. Es una publicación hecha a la vieja manera y no estará en Internet.
Me permito la licencia de publicar en este blog el inicio del reportaje, sólo para despertar la curiosidad de aquellos que no suelen moverse en los círculos fotográficos. Para que salgan a buscar Dúo.

“Madrid, 11 de marzo de 2004, 7:00 de la mañana.

Zahira Obaya, una joven gaditana de 21 años, se apresura para coger el tren de Cercanías en la estación de Entrevías. Se lanza por el andén y lo pilla por los pelos. No quiere llegar tarde a la tienda de ropa en la que trabaja. Todavía le toca hacer trasbordo en Atocha.

En otro punto de la ciudad, en la calle Juan José Martínez Seco, el fotógrafo Pablo Torres se entretiene hablando con Loli, la quiosquera de toda la vida, mientras compra el periódico. Y charla que charla, acaba perdiendo el tren.

Como todas las mañanas, Carmen Alcolado, auxiliar de enfermería, se sube al tren en la estación de Vicálvaro. Se dirige al hospital de Alcorcón. Ese día hay mucha gente en el andén. Llega justa de tiempo y se mete como puede en el primer vagón. Pero Carmen es una mujer de costumbres fijas; por eso pasa al segundo vagón y se queda cerca de la tercera puerta, en su lugar habitual.

Victor Muntean, un médico moldavo que apenas habla español, sube al tren en Atocha. Su destino es Alcobendas, donde cuida de un anciano al que acaban de operar del corazón. Lleva apenas tres meses en España. Vino para reunirse con su esposa, que se busca la vida en la capital española desde hace cuatro años. El cuarto vagón está petado y opta por el segundo. Una decisión aparentemente sin importancia.

Esther de León se levanta para llevar a su hijo al colegio, en Móstoles. Está embarazada de su segunda hija, Ainhoa. Lo que todavía no sabe es que Ainhoa tiene prisa por nacer y que va a adelantarse un mes y pico. Pero eso sucederá un poco más tarde, a las 10:30 de la mañana.

Faltan unos minutos para que se produzca el fatal desenlace que cambiará la vida de estas personas y unirá sus destinos para siempre.

Zahira y Carmen están a punto de entrar en la estación de Atocha, donde Victor ya sube a otro tren. Pablo, en tanto, viaja en un tercer convoy que va detrás del de Zahira y Carmen.

A las 7:37, una explosión revienta el sexto vagón del Cercanías procedente de Alcalá de Henares al que Victor ha subido en Atocha. Un minuto después, explotan otras dos bombas en el mismo tren.

Dos minutos después, a las 7:39, explotan otras cuatro bombas en el tren de Zahira y Carmen, detenido fuera de la estación, a 500 metros de su acceso, a la altura de la calle Téllez”.

Paco de Lucía

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paco de lucia

Hoy se ha ido un grande. Sólo tenía 66 años, la misma edad a la que mi padre me dejó.

Conocí la música de Paco de Lucía cuando era adolescente, en Italia, aunque nunca llegué a oírle en vivo.
Varias veces en Madrid estuve a punto de ir a un concierto, pero siempre pasaba algo: un reportaje que se eternizaba, una complicación de última hora.

Siempre supe que me estaba perdiendo algo imperdible. “Oír tocar a Paco de Lucía era un fenómeno entre místico e incomprensible; parecía como si dentro de la guitarra llevara metida una orquesta sinfónica y un Beethoven jibarizado”, decía hoy en El País Miguel Mora a través de su pluma mágica.
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/26/actualidad/1393426383_691930.html

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Hay oportunidades que nunca vuelven. Nunca más voy a poder tener el privilegio de escuchar a este maestro, que tenía una relación de amor-odio con su instrumento. “La guitarra es una hija de puta, la detesto”, llegó a decir en 2008.

En los últimos años fichó a Alain Pérez, un bajista cubano de gran talento que tocó con Irakere y Chucho Valdés.  Y es que Paco de Lucía siempre sintió una fascinación por el talento.
http://www.youtube.com/watch?v=dD4EL-fGAdg

Adiós Maestro. Usted no es simplemente una de las “cosas que voy a echar de menos de Madrid”.
Usted es un genio que está por encima de la vida y la muerte, de las fronteras, de las peleas, de los desencuentros.
Y los genios nunca mueren.

El cariño

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Escribo este post ya desde Rio. Quiero agradecer todas las muestras de cariño y los ánimos que he recibido en los últimos días.
Me he sentido muy acompañada, querida, apoyada, y eso no tiene precio cuando decides tirarte al abismo de la incertidumbre, siendo una mujer conservadora, hija y sobrina de una tribu de funcionarios públicos.

Son muchas las personas que en los últimos días han pasado por mi casa para ayudarme a empaquetar mis pequeños tesoros; amigas crueles que me han asesorado para deshacerme de zapatos rotos que guardaba por puro fetichismo o de ropa vieja que mantenía porque era un regalo de alguien querido.

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El otro día vino a verme una amiga de otros tiempos. Hacía años que no coincidíamos, pero se empeñó en darme un abrazo. Descubrí que había seguido todas mis andanzas de los últimos años, desde Rusia a Brasil, a través de los blogs. Y yo que siempre pienso que nadie me lee.
http://viajealcorazonderusia.wordpress.com/
http://historiasdelapacificacion.com/

También me han llegado muchos mensajes alentadores. El que más me ha impactado es el de Laura Izuzquiza, una joven fotógrafa que acaba de cumplir 25 años y que se expresa con tal madurez que me hace comprobar una vez más  que las nuevas generaciones nos dan mil vueltas.

“Valeria, un placer conocerte, de verdad. Aunque ha sido breve y no nos ha dado tiempo a profundizar quiero transmitírtelo. Te veo como una persona integra, con las cosas claras, con una enorme curiosidad por el mundo y entenderlo. Pero no eres envidiable solo por tu conocimiento y ganas de empaparte de la realidad, sino que además eres especial, no te interesa encajar en estereotipos o en hacer lo que se supone que te toca, te niegas a ser un perfil apostando por ti misma. Además te expones, sales de tu zona de confort y viajas para seguir construyéndote. Eres un ejemplo de verdad, y espero que nos sigamos la pista, yo te escribiré de vez en cuando, seguro! Eres una persona con la que me gusta tener relación, he afianzado cosas relacionándome contigo. Ojala cuando nos volvamos a ver sea en Rio, me encantaría!! Se que vas a conseguir tus metas, porque no dejas que nadie te diga lo que tienes que hacer. Eso es muy valioso y cultivado desde la humildad te llevara hacia tus metas, tengo esa certeza. Te deseo un viaje lleno de vivencias y positivismo. Un abrazo fuerte!!”.

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Ha sido una despedida dulce, afectuosa, emotiva. Os doy las gracias por ello.
Os aseguro que cuando me fui de Alemania fue diferente. Y no porque mis amigos no sintieran cariño por mí, sino porque no saben expresarlo de la forma en que nosotros, sureños y cálidos, necesitamos.
Es simplemente cuestión de sintonizar o no con la música interior de un país.

Ya estoy en la Cidade Maravilhosa, cuyo ritmo desde siempre me posee y me fagocita, y me muero de ganas de empezar a vivir y a contarlo.

Arriverderci Madrid. Grazie di tutto!
Nos vemos en el siguiente blog.

La seguridad

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carta johannes

“Querida Valeria, noticia urgente: he hablado con Frau Kraft de Endemol Producciones. Te ofrecen un puesto de ayudante de dirección o de producción con un contrato fijo desde diciembre de 1998 hasta octubre de 1999 con un sueldo de unos 3.000 marcos al mes. Les he dicho que les llamarás el lunes.
Deberías hablar con Frau Kraft (mejor) o con Tim Hengesbach de nuevo a este número de teléfono…
Tiene muy buena pinta!!!
Por favor, mándame un mail o llámame para confirmarme que has recibido la noticia. En caso de que hasta el sábado no hayas aparecido, te llamaré.
También deberías llamar a los de la Öko-Bildungswerk, que te están buscando.
Mucha suerte, Johannes”

A los 19 días de estar en Madrid, me llegó este correo electrónico de mi ex novio. Tras un año de intensa búsqueda de trabajo en Colonia, me ofrecían un contrato de 10 meses, con un sueldo excelente, en un reality de bomberos.
En aquel momento estaba haciendo una pasantía en El País, eso es, unas prácticas sin remuneración, a la espera de hacer las pruebas de acceso para el Máster de Periodismo, en noviembre de 1998.
No tenía ninguna certeza de que sería admitida. Todo lo contrario. Siendo extranjera y con un castellano autodidacta, más bien tenías pocas perspectivas de poder realizar mi sueño.

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Por otra parte, en Colonia me esperaba mi novio. y al fin y al cabo había estado un año intentado conseguir un empleo en algo relacionado con el periodismo.
El factor bombero tampoco me parecía un aliciente. Debe ser que el cuerpo alemán no está tan bueno como el español, o a lo mejor aquella Feria de Sevilla en la caseta de los bomberos me cambió a perspectiva… pero ésta es otra historia.
Ahora aceptaría de cabeza un oferta de este tipo, jijiji.

El caso es que entonces yo quería ser periodista de verdad y sabía, tras mi paso por la Deutsche Welle, que para aprender a trabajar con las fuentes de la información tenía que hacer sí o sí la ‘mili’ en un periódico. Y aunque era la última becaria de la redacción, estaba en el diario principal de España y uno de los más respetados en América Latina.

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Pasé tres días comiéndome la cabeza. Lo peor es que en Madrid no tenía a nadie de confianza con quien debatirlo. Los compañeros de la sección de Local de El País apenas me conocían. No estaban al tanto de mi trayectoria, era difícil pedir un consejo de este tipo a cualquiera.

Un día reventé y le conté mi dilema a con Antonio Jiménez Barca.
Me preguntó a bocajarro:
– ¿Tú quieres ser periodista?
– Sí.
-Entonces déjate de tele y de programas. Tu sitio es aquí, en el periódico.

Le eché valor y me arriesgué. Al fin y al cabo había luchado por obtener unas prácticas en el País y tenía que intentarlo. Si hubiese regresado a Alemania para coger lo único seguro que tenía, me habría pasado la vida preguntándome cómo habría sido mi vida en España, si habría conseguido entrar en el Master y hacerme un hueco en mi querido Madrid… A toro pasado, bien que hice.

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Algo parecido está pasando ahora. Durante el mes de enero, todos los días me he despertado con una sensación de profundo desasosiego. Desde mi cama me preguntaba, mirando a la pared verde del salón que tanto amo, por qué narices no puedo ser como los demás y quedarme quieta.
Me preocupaba la incertidumbre, me aterraba la certeza de que mi nivel económico va a empeorar.
Tenía miedo, vaya. Miedo al cambio, miedo al fracaso, miedo a tener que dar varios pasos atrás para dar uno adelante.

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El año pasado, cuando estaba llevando a cabo el proyecto fotográfico en las favelas, sondeé el mercado para ver qué posibilidades tenía con mis seis idiomas y mi experiencia de obtener papeles y un buen trabajo.
Resultado de la investigación: NINGUNA.

Durante un año, me he preparado para enfrentar el desapego a mi casa, mi nido; la precariedad, tras 14 años de estabilidad laboral; he ido haciendo una cura de humildad para mentalizarme de que un día estás en la tele informando y otro estás a lo mejor acompañando a un grupo de turistas rusos en Rio, el mismo curro que hacía durante la facultad para costear mis viajes en verano.

El no poder entrar por la puerta grande a Brasil ha puesto a dura prueba mi motivación, pero el resultado es: quiero.
Quiero vivir este año en Rio de Janeiro. Van a pasar un montón de cosas interesantes para un periodista y yo quiero estar allí para contarlo.
De forma remunerada, si me dejan. Si no, en mi blog.

Pero sí quiero.

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Es la misma sensación que sentí hace 15 años cuando me tentaban los bomberos alemanes. Aposté por Madrid y menos mal.
Vamos a ver qué tal la jugada esta vez.
Eso sí, voy a echar mucho de menos la seguridad que había conseguido en Madrid, aquella vida confortable que te hace sentir que te has aburguesado y no te importa, porque mola. También la seguridad de poder volver sola a casa en el medio de la noche sin tener que andar con taquicardia.
Eso no tiene precio y los brasileños que viven en Madrid lo saben.

Ya no hay vuelta atrás. Me he liado de nuevo la manta a la cabeza. Que sea lo que Iemanjá y Ogum quieran.
Me rindo a mi corazón.

El metro

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Metro de Madrid informa: más por menos, menos por más.

Es verdad, nos han estafado. Nos cobran bastante más por un servicio sensiblemente más lento. Han construido estaciones de metro donde había trenes de cercanías y las han tenido que cerrar. También han cerrado bocas de metro para ahorrar y han mal vendido trenes a Argentina.

Pero pero pero… el metro de Madrid sigue siendo increíble. Limpio, rápido, eficiente, un montón de líneas, una maravilla de infraestructura, y más aún si lo comparamos con el de Londres y de París.
Yo lo voy a echar mucho de menos en la Cidade Maravilhosa.

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Para mí el metro de Madrid es la metáfora de lo que pasa en España. Desde que vivo aquí, he notado un injusto complejo de inferioridad con respecto a los hermanos (¿hermanastros?) europeos. Será una herencia de la dictadura, la vergüenza por haber llegado tarde a la familia europea o el pudor de haber recibido fondos de cohesión durante años. Desconozco la razón, pero los españoles tienen la errónea sensación de pertenecer a un país de segunda división.

Mentira. Hay una serie de servicios que hacen de España un país puntero. Desde un maravilloso número 010, al que pides un certificado de empadronamiento y te lo mandan GRATIS a tu casa en menos de tres días; hasta un sistema de salud increíblemente bueno y GRAUITO. España funciona, a pesar de lo que puedan pensar las personas que nunca han salido de aquí.

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He vivido en Italia, Rusia, Escocia, Alemania, España y Brasil y puedo afirmar con conocimiento de causa que España no tiene nada que envidiar a las grandes potencias del mundo.
¿Que los políticos son corruptos? Es una verdad como un templo. Pero no sólo aquí, y desde luego mucho menos que en Italia, Brasil, China o la India.
¿Que roban? Es cierto, y lo peor, no dimiten, como se ha demostrado este verano con el caso Bárcenas. Pero durante años, el dinero se ha invertido en obras públicas que han tenido un principio y un fin. En Nápoles llevan 20 años construyendo el metro y todavía no lo acaban. La autopista Salerno-Reggio Calabria nunca ha fue remodelada y un montón de dinero público ha desaparecido en obras eternas…

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No quiero decir que aquí todo es perfecto, ni mucho menos. El aeropuerto de Castellón o las radiales en la Comunidad de Madrid son un ejemplo de malversación y robo a mano armada.
La ley que permite desahuciar a familias enteras es una vergüenza. La socialización de las pérdidas de los bancos, mal administrados por caciques locales, un pecado carnal que sólo la historia sabrá juzgar.
Pero no todo es tan tremendo como unos se obstinan en mostrar.

Algunos españoles que llevan años pululando por el planeta empiezan a entender lo que vale un peine. El colaborador de El Confidencial desde Nueva York explicaba esta semana con pelos y señales por qué está a punto de volver a España.
http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-02-15/pues-yo-me-vuelvo-a-espana_88838/

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Quiero dejar una cosa clara: yo me voy de España porque estoy enamorada de Brasil. Hace años que quiero irme, pero mi vida en Madrid me gustaba y mi trabajo me encantaba.
Es verdad que siento un cierto cansancio de la ciudad, pero esto tiene más que ver con razones subjetivas que objetivas. Madrid ha cambiado, es cierto, no tiene el brillo que lucía hace 15 años y la gente se queja por doquier. Pero yo también he cambiado y necesito otras cosas. Sobre todo, un nuevo reto.

Es cierto que me no apetece trabajar más por menos: es la tónica general en esta crisis (que es un nuevo orden mundial). Pero también es verdad que no he querido comprometerme con un nuevo trabajo porque el ERE de Telemadrid me ha dado alas, ha sido la oportunidad de cumplir un sueño.

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No podemos dejar de soñar. Hoy me ha visitado una amiga a la que no veía desde hacía años. Tiene tres masteres en comunicación y marketing. Ante la falta de perspectivas laborales, ha empezado a estudiar acupuntura, un viejo deseo que nunca se había atrevido a realizar. Ahora quiere abrir una consulta. Un plan estupendo, me parece.

El premio al mejor fotolibro de 2013 se lo ha llevado Óscar Monzón, un fotógrafo de El Mundo que fue despedido al comenzar la crisis y que ha dedicado varios años a realizar un proyecto personal. Ha sido el fenómeno del año en Paris Photo, la feria de fotografía más importante del mundo.
http://www.parisphoto.com/paris/news/the-first-photobook-award-winner-oscar-monzon-karma-published-by-rvb-books

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Las crisis también son una ocasión para bucear en nuestro interior y nos invitan a ser nosotros mismos. En Nápoles la crisis nunca terminó y por eso somos los más creativos y los más salados de Italia. Allí está Eduardo De Filippo, el Bertold Brecht napolitano, para demostrarlo.
http://www.youtube.com/watch?v=bonfKLYGA4M

Me voy, es cierto. Me duele la decadencia del periodismo, es cierto. Pero no creo que los que se quedan se equivocan. Son decisiones vitales. Cada uno tiene que seguir su instinto. De una cosa estoy bastante segura: volveré, porque Madrid es un buen lugar para vivir, la combinación perfecta entre la eficiencia nórdica y el calor humano del sur.

Mi torito guapo

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Estaba yo un día esperando a mi amiga Patricia Ortega Dolz en la calle Goya.
Hacía un viento horrible y me metí en el primer bar que vi, la Cruz Blanca.
Ya que no existían los smart phones, no tenía la opción de refugiarme en la pantalla del móvil mientras hacía tiempo.

Al fondo del bar un grupo de abueletes tomaba el aperitivo. Miraban fotos de una capea y comentaban las jugadas en voz alta.
De repente se me acerca un señor mayor, bajito, y me invita a unirme a ellos. Yo, que acababa de volver de Turquía y estaba en un plan flower power, otro mundo es posible, me dejé liar y acepté una caña.

El señor bajito empezó a tirarme los tejos, mostrándome toda su hombría con los toritos. Venga una foto, y venga otra, y que si tengo ojos bonitos, y que si aquí hay una italiana hermosa… Cuando la cosa empezaba a volverse un poco intensa, Patricia apareció por la puerta.

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–       Valeria, ¡¿qué haces con El Fary?!

–       ¿Qué es el fairy?

–       Calla, ahora te lo explico.

Fue así como conocí a este gran personaje de la cultura cañí.
Yo llegué a España para ser periodista, esto ya lo he contado. Además de tener que defenderme en otro idioma, tenía un millón de lagunas que me impedían funcionar como los compañeros del master.
Me pasaba el día empollándome literalmente el periódico. Necesitaba aprender casi todo: había salido de Alemania sin saber mucho de España. Sólo había visto alguna película de Almodóvar y de Vicente Aranda, y había leído a Javier Marías y a Maruja Torres.

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No sabía quiénes eran Ibarretxe o Javier Arenas. Jamás había oído hablar de Mariano Barroso, ni de ‘Tesis’, ni de ‘La bola de cristal’. Estaba tan angustiada, intentando hacerme con las claves de la actualidad y los protagonista de la escena cultural, que durante los primeros años apenas vi la tele.
Eso sí, leía varios periódicos de cabo a rabo, todos los días.

Ir al cine para ver ‘Torrente’ ni se me hubiese ocurrido. Yo era toda Dogma y cine de autor en aquella época, no salía de la calle Martín de los Heros.

Años después, postrada en la cama por una varicela chunga y ya convertida al culto de la cultura española, conocí el fenómeno Torrente.
Sólo entonces entendí la importancia de El Fary. Y me dije a mí misma: ‘Hostia, si me ligué al Fary, y tantos años sin saber valorarlo”.

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Cuando murió, en 2007, Patricia me llamó para darme el pésame. Han pasado casi siete años. Pobre Fary, qué poco caso le hice.
Ha llegado la hora de hacerle justicia.
http://www.youtube.com/watch?v=NFkI-zxZlHo